DECLARACIÓN DE FE DE LA CONFRATERNIDAD NACIONAL

A. LA SANTA BIBLIA

La Biblia es la palabra escrita de Dios, plena y singularmente inspirada en su totalidad por Dios, de tal manera que los sesenta y seis libros canónicos han resultado ser sin errores, tanto teológicos como históricos (2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:20-21; Lc. 1:1-4; Jn. 21:24; I Co. 2:6-13; Sal. 19:7).

La Biblia constituye para nosotros la voluntad de Dios en forma escrita y las palabras de las Escrituras son para nosotros la Palabra de Dios. (Sal. 119:1 y Mt. 4:4; 1  Ts. 2:13). La Biblia es nuestra suficiente y final autoridad para la fe y práctica de vida tomando absoluta prioridad sobre cualquier experiencia subjetiva o declaración eclesiástica (Jn. 14: 23-26; Mt. 7:24-29; 28:18-20; 1 Co. 14:37-38).

  Creemos que como cristianos debemos ceñirnos en todo a las normas legales que para tal efecto estén  establecidas o que lleguen a establecerse en el futuro, siempre y cuando no contraríen las enseñanzas de la Palabra de Dios. Ro.13:1-7; Hch.5:29.

  Lo que no está establecido por las Escrituras, no puede ser considerado artículo de fe para el cristiano (Is. 8:20; Mt. 24:35; Jn. 12:47-50; Mr. 7:1-13). Creemos que es indispensable para el cristiano practicar la disciplina diaria de estudiar las Escrituras y someter su vida a sus enseñanzas (Sal. 1:1-6; 119:1-176; Col. 3:16; 2 Ti. 2:15; 3:16-17).

 

B. LA SANTISIMA TRINIDAD

Creemos que Dios es UNO y en la unidad de su Divinidad existen eternamente tres personas de una misma esencia, perfección y poder: El Padre, El Hijo y El Espíritu   Santo.    (Dt. 6:4;    2 R. 19:15;    Neh. 9:6;    Sal. 83:18; 86:10;    Is. 37:

  16, 20; Mt. 3:16-17; 28:19; 2 Co. 13:14; 1ª Jn. 4:9-15);  Y nadie es semejante a El, (Ex.8:10; 9:14; 15:11).

 

 La Sagrada escritura habla distintamente de las tres divinas personas así:

El Padre se reveló como creador y proveedor de salvación, (Gn.1: 131; 3:15; Ro.1:19-20); El Hijo nos redime, (Ef.1:7-9; 2:8-10); y el Espíritu Santo nos guía a toda verdad, (Jn. 16:13).

  

C. EL HOMBRE Y EL PECADO

El hombre fue creado a imagen de Dios (Gn.1:26,27),  era inocente y puro (Ro. 5:17). Por su escogencia libre, Adán se rebeló contra Dios, cayó de su estado de inocencia y pureza; y adquirió la naturaleza pecaminosa (Ec.7:29; Ro.5:12). Después de la caída, todos los seres humanos nacemos con la naturaleza pecaminosa (Sal.51:5; Gá. 3:22). Y por cometer actos de desobediencia llegamos a ser culpables delante de Dios (Ro.3:11-23). Sin la obra regeneradora de Dios, el hombre está perdido y aún viviendo, está muerto en sus delitos y pecados  (Ro. 3:23; 6:23)  andando sin Dios y sin esperanza (2ª Co. 4:3; Ef.2:1-3,12).

 

D. JESUCRISTO

Jesucristo es el hijo eterno de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Era uno eternamente con el Padre y por la concepción del Espíritu Santo, nació de la Virgen María (Jn.1:1; 10:30; Lc.1:27,35). El es Dios hombre, verdadera y plenamente Dios; verdadera y plenamente hombre (Ro. 9:5; 5:15). El es el sustituto por nuestros pecados y nuestro modelo de vida para imitar y crecer. El es nuestro Señor y Salvador (1 Ti. 2:5; Hch.4:12; 1 Jn 2:2; Col.1:15-23; Is. 53:4-6).

 

E.  LA SALVACIÓN

El Señor Jesucristo hizo plena expiación por los pecados de todo el mundo al derramar su sangre en la cruz como sacrificio perfecto y  suficiente  para  que  todo aquel  que  crea  y  le  reciba, sea salvo, Jn.1: 12; 316.  (He. 9: 13,14,26; 10:10-14; 1 Jn. 2:2). Su muerte y resurrección es el único fundamento de nuestra salvación (Hch.4:12; 1 Co.3:11; 15:3; Ef. 2:13).   La expiación  se  hace eficaz para todo pecador que se arrepiente, cree en el Señor Jesucristo y obedece a su santo evangelio, (Hch.2:38; 3:19).

 

Creemos que todo cristiano está seguro de su salvación en Cristo y que nada puede amenazar o acabar esa relación eterna con El (Jn. 10:28-29). Sin embargo, para el cristiano existe la posibilidad que a través de una decisión personal, le dé la espalda a su salvador, lo que en la palabra se le llama apostasía, o regresar a un estilo de vida en contra de los principios de Dios, rechazando a Cristo de su vida (He. 6:4-6; 2 P. 2:1-22).

 

 Creemos que uno no pierde su salvación cada vez que peque, sino que es posible rechazarla por decisión personal. Cometiendo así apostasía. Creemos como dice el Apóstol Juan, “la persona que dice que tiene comunión con Dios y vive en pecado, miente, no practica la verdad y no es verdadero creyente” (1 Jn. 1:6; 3:6-9). Creemos, como dice el Apóstol Pablo, la persona que persiste en pecados sin arrepentirse, “No heredará el Reino de Dios” (Gá. 5:19-21; 1 Co. 6:9-10).

 

F. EL NUEVO NACIMIENTO

El nuevo nacimiento es la obra de la Gracia de Dios, por la cual cambia la naturaleza pecaminosa del hombre que se arrepiente, cree y recibe a Jesucristo como su único y suficiente salvador Jn. 1:12; Habiendo estado muerto en delitos y pecados es salvo por gracia y trasladado al reino de su amado Hijo, (Hch. 26:18; Ef. 2:1-5, 8,9; Col.1:13; Ro. 6:22; Juan 3:3-6).

 

      El creyente llega a ser nueva criatura en Cristo Jesús, nacido del Espíritu entra en la vida de paz con Dios, obediencia a la voluntad de Dios y amor a sus semejantes (Jn. 3:3-7; 2 Co. 5:17; Ro. 5:1; Tit. 3:5; 1 Jn. 2:9-10).

 

G. LA IGLESIA

La iglesia es el cuerpo universal de Cristo, compuesto por todos los verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo y del cual, El es la cabeza (Ef. 1:22; 3:21; 5:23-32; Col. 1:18). Esta iglesia no llega a dividirse por el hecho de que haya varias denominaciones, por- que no puede haber más que un verdadero cuerpo de Cristo. El registro de su membresía está en el cielo, en el libro de la vida (Lc.10:20; Fil.4:3; He. 12:23; Ap.21:27). Todos los verdaderos cristianos son miembros los unos de los otros (1 Co. 12:12-27; Ef. 4:25).

 

 La misión de la iglesia en el mundo está registrada en los cuatro evangelios  así: en Mt. 28:19 nos dice, Id y haced discípulo a todas las naciones; en Mr.16:15 nos manda a ir y predicar a toda criatura; en Lc.24:47-48, nos confronta a dar testimonio del arrepentimiento y perdón de pecados que hemos experimentado en el mensaje de Cristo. Y en Jn. 20:21 nos motiva a disponernos hacia la obra misionera de enviar y ser enviados tomando como ejemplo la misión del Señor Jesucristo al mundo.

 

Además la iglesia celebra el culto a Dios como pueblo suyo (He. 10:25; 1 P. 2:5). Y observa las ordenanzas que el Señor Jesucristo instituyó. Ellas son: el Santo Bautismo y la Santa Cena (Mt. 28:18,20; 26:26-30). Además enseña, edifica y mantiene la congregación de los creyentes en Cristo en unidad (He.10:25; Ef.4:1-16).

 

H. ORDENANZAS DE LA IGLESIA

 

1.1.      El  Bautismo

      

     Creemos que el bautismo es un acto de confirmación de fe salvífica y un paso de obediencia al mandato del Señor Jesucristo a sus discípulos (Mt.28: 19; Hch.2: 41), y nosotros como seguidores suyos también debemos cumplirlo, hasta cuando él venga.

 

      Creemos que el Bautismo se debe aplicar a aquellas personas conscientes de su decisión por Cristo y quienes habiendo entendido la obra redentora de Jesús en la Cruz, confiesan que su salvación es por fe y no por obras (Ef. 2:8-9).  El Bautismo se efectúa sumergiendo al creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt.28: 19; Hch.8: 36-38).

 

1.2.      Santa Cena

 

Creemos que la Santa Cena fue instituida por el Señor Jesucristo con el fin de experimentar comunión íntima con El mismo, quien murió por nosotros, y recordar hasta que El venga por segunda vez su  obra expiatoria aquí en la tierra, en rescate por el hombre pecador, (Mt.26: 26-28; Mr.14: 22-26; Lc.22: 19-20; 1 Co.11: 23-25).

 

Creemos que los elementos del pan y el vino representan el cuerpo quebrantado y la sangre derramada del Señor Jesucristo (1 Co. 10: 16); aunque los elementos no se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo (transubstanciación), sí nos adentran en una relación de intimidad espiritual con El y nos imparten gracia en nuestro peregrinaje espiritual (1 Co. 11:24-26).

 

Creemos que en la Cena del Señor encontramos indispensables mensajes espirituales de amor, perdón, justificación, reconciliación y de comunión de Cristo con su Iglesia que con ella testifica la unidad de todo el cuerpo de creyentes redimidos por su obra en la Cruz, (1 Co.10: 17).

 

Creemos que toda persona creyente y consciente de la obra redentora de Cristo en su vida, después de haberse auto examinado y hallarse digno por la confesión y el perdón, puede participar de ella.

 

I. LA SANTIDAD 

 

Creemos  que  vivir  en Santidad, es la norma imperativa del creyente, como lo dice (1 P. 1:15-16) “Sed santos porque yo soy santo”;  “sin santidad nadie verá al Señor”, (He.12: 14). Jesucristo es nuestro gran modelo y como creyentes en El, debemos demostrar similitud con nuestro Señor en todas las esferas de nuestra vida, (Ef.4: 13).

 

El cristiano es llamado, apartado, separado y escogido de un mundo de pecado para ser consagrado a Dios. (Lv.11:44-45; 19:1-4; 20:26; Nm.6:5-8; 16:5-7). Por tal razón, el creyente voluntariamente y por amor a Cristo se abstiene de toda especie de maldad.

 

El creyente que busca la santidad la logra mediante la acción del Espíritu Santo quien, además de su obra de santificación inicial en la regeneración, produce tanto el querer como el hacer la voluntad de Dios, (Fil.2:13).  El cristiano se vale del estímulo que ofrecen la Palabra, la oración, las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena, el congregarse, la evangelización, etc., para abrirse a la acción purificadora de Dios produciendo así la santidad, parte integral de la imagen de Jesucristo en el creyente (2 Co.3: 18).

(Creemos que la santificación es aquel acto de Dios, subsecuente a la regeneración, por el cual los creyentes son hechos libres del pecado original, o depravación, y son transformados a un estado de entera devoción a Dios y a la obediencia de amor hecho perfecto.

 

Creemos que la santificación se provee por la sangre de Jesús, se obra instantáneamente por la fe y es precedida por la entera consagración; el Espíritu Santo da testimonio a esta obra y estado de gracia).   

 

J. LA OBRA DEL ESPIRITU SANTO

 

El Espíritu Santo da testimonio de nuestra salvación por la convicción interna que El imparte a cada hijo de Dios (Ro. 8:16; 1 Jn 3:24; 4:13; 5:6,10).

     

Se recibe el Espíritu Santo en el momento de la conversión (Ro. 8:9; 1 Co. 12:13), pero el creyente pronto encuentra que aunque él tiene el Espíritu en su vida, el Espíritu Santo no lo controla como El quiere, y hay una lucha en su vida entre el Espíritu y la carne (Stg. 4:1-10; 1 Co. 3:1-4; Ro. 7:1-8,13). Llevándolo a una segunda experiencia de mayor intimidad con El.

     

La llenura del Espíritu Santo, es aquella obra de la gracia de Dios en respuesta a nuestra decisión de dejarnos controlar por el Señor Jesucristo, en la que El nos santifica, nos purifica, nos limpia, nos consagra a El, y nos llena con su Espíritu Santo, para que podamos vivir una vida santa, tener el denuedo al compartir el evangelio con otros y experimentar el fruto del Espíritu Santo en nuestra vida cotidiana (Lc. 4:1; Hch. 2:4; 4:8; 4:31; 6:3,5; 7:55; 9:17; 11:24; 13:9; 13:52; 15:8,9; Ef. 1:23; 3:19; 5:18; Ro. 1:4; 15:13; Stg. 4:1-10; 2 Co. 7:1; Gá. 5:1-26).

     

Creemos que la evidencia de ser llenos del Espíritu Santo, se manifiesta en el fruto de una vida santa y justa, que habla la verdad con denuedo, que testifica con su vida de la obra transformadora de Cristo a su imagen, (Hch.4:8,31; 9:17; 10:40-43; 13:9; 2 Co. 3:17,18; Gá. 5:1-26; 1 Co. 12:28-31; 14:1-40; Stg. 4:1-10). Y no necesariamente por el don manifestacional de hablar en otras lenguas, (Hch.2:2-4; 8:14-17; 10:44-48; 11:15-18; 19:1-6).

 

  K. LOS DONES ESPIRITUALES  

 En cuanto a los dones espirituales creemos:

  1. Que son dados básicamente para que el cuerpo de Cristo en la diversidad mantengan la unidad y edificación del cuerpo de Cristo, para llevar a cabo la misión de Dios en el mundo, Ro.12:4; 1 Co.12: 14-27; Ef.4: 16.

  2. Por los contextos Bíblicos en que se registran, el Espíritu Santo otorga dones funcionales, Ro.12:6-8; ministeriales, Ef.4:11-12; 1 Co.12: 28;   y dones  manifestacionales, 1 Co.12:8-10.  Pero todos ellos son para edificación de la Iglesia, Ef.4:12; 1 Co.14:12, 17 y 26.

  3. Que el ejercicio de un don espiritual no indica superioridad espiritual, más unción, o autoridad, 1 Co. 1:7; 3:1; 14: 37,38. Ni son un asunto de elección o deseo personal sino de la divina voluntad. 1 Co. 12:11.

  4. No hay ningún don en particular que todo creyente debe poseer, 1 Co.17,18,29.

  5. Que en el momento de la salvación, el creyente recibe el Espíritu Santo, Ef.1:13-14; y que su ministerio está presente y es determinante en la obra regeneradora del creyente, Tit. 3:5-6. Y aunque en Hch.8:16; 10:44-46 y 19:6, se observa que después de la salvación recibieron el Espíritu Santo con la manifestación del hablar en lenguas, esto no constituye la enseñanza explícita en el libro de los Hechos, sino que esto sucedió como señal para los judíos de que la salvación también era para los samaritanos, Hch.8:16; y gentiles, Hch.10:44-46.

  6. Que el don de lenguas debe ser ministrado en la forma como lo enseña, 1 Co. 14: 4-6; 12-19; 27-28.

  7. Que el don de profecía se ejerce en forma consciente y con auto-control, no en trance, 1 Co. 14:29-33. Y que en la mayoría de los textos donde se registra este don, su énfasis es la predicación y la exhortación.

  8. Que el don de sanidad es una provisión milagrosa de Dios, Mt.8:1-4; Hch.3:1-     10, para sanar a los enfermos en respuesta a las oraciones de los creyentes Stg. 5:14-15.  Pero no siempre es su voluntad dar la sanidad, 2 Co.1:3-7; 12: 7-10.

 

L. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Creemos que el Señor Jesucristo retornará a la tierra algún día, con poder y gran gloria para rescatar a la iglesia transformando lo mortal a inmortal y lo corruptible a incorruptible y llevarla con El, por toda la eternidad, dando cumplimiento a la profecía Bíblica y a la esperanza del cristiano Is. 61:1-4; 1 Jn. 3:1-3. Hch.1:11; Mt.24:27; 1 Co.15:51-58; 1 Ts. 4:9,10; 13-17; Ap. 20:6.

 

Creemos que habrá resurrección de los justos a la vida eterna con Cristo y de los injustos a condenación eterna apartados de Dios, Ap. 20:11-15.

 

M. LA RESURRECCION, EL CIELO Y EL INFIERNO

 Creemos que habrá resurrección corporal de los muertos, tanto de los salvos como de los no salvos (Jn. 3:18; 5:29; 1 Co. 15:12-23, 42-44).

 

Habrá vida eterna y bendición en el cielo para los salvos que estarán en la misma presencia de Dios (Jn. 14:14; Ap. 22:3-5).

 

Habrá castigo en el infierno para todos los no salvos en separación eterna de Dios (2 Ts. 1:9; Ap. 21:8).

 

 

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